martes, 21 de febrero de 2017

Leonor de Castilla, Reina de Inglaterra







Poco se sabe de su nacimiento, ni la fecha exacta ni el lugar. Parece claro que nació en 1241 aunque se desconoce el día y el mes, y se supone que lo haría en Burgos. Lo que si está claro es que era hija de Fernando III de Castilla y de su segunda esposa Juana, condesa de Ponthieu y era por tanto hermanastra de Alfonso X "el Sabio".

Probablemente y a tenor de los intereses y aficiones que demostró durante su vida, Leonor no solo crecería en un ambiente culto, sino que sería educada con un nivel de enseñanza mucho mayor que el de las princesas medievales de su época.

En la Edad Media no todo se resolvía con guerras y la política matrimonial jugaba un papel importante para lograr la armonía de los distintos Reinos y, como consecuencia de éste juego, la vida de la princesa cambiaría. 

El hermanastro de Leonor, Alfonso X "el Sabio", reclamaba a Inglaterra los territorios de la Gascuña francesa que, según consideraba, le correspondían por herencia.El rey inglés, Enrique III, no deseaba devolver a Castilla los territorios reclamados y tampoco deseaba una confrontación bélica con el rey castellano de modo que optó por la política matrimonial. 

Envió a Castilla una delegación encabezada por su primogénito, el príncipe Eduardo, con la misión de conseguir un acuerdo matrimonial entre la hermanastra de Alfonso X, Leonor, y el propio príncipe. El acuerdo conllevaba la renuncia del rey castellano a los territorios de Gascuña. El acuerdo se firmó y por tanto había que cumplir con lo pactado. 

En 1254, año en que se desarrollan los hechos, la capital del Reino estaba en Burgos y en el Monasterio de las Huelgas de ésta capital se celebra el matrimonio el 18 de octubre de ese mismo año. Leonor contaba trece años y Eduardo quince. No sabemos si el amor surgió desde el primer momento pero si sabemos que se amaron profundamente y que su matrimonio fue feliz. 

Monasterio de las Huelgas

Leonor era una joven esbelta y dulce pero con una enorme personalidad, mucha energía y extremadamente inteligente como demostraría a lo largo de su vida. 

Llegó a Londres en octubre de 1255 y no fue bien recibida por los ingleses. Acompañaba a Leonor un séquito de más de 200 personas y un ajuar repleto de cosas a las que los ingleses no estaban acostumbrados. 

Leonor introdujo el lujo en el palacio. Llenó sus aposentos de alfombras y tapices y su mesa de fina vajilla para asombro de  la nobleza inglesa que no estaba acostumbrada a tal elegancia. Lógicamente seria pronto imitada. Revolucionó el diseño de jardines, haciendo que el agua y las fuentes formaran parte de ellos. 

No fueron éstas las únicas cosas en las que influiría. Dada la educación que había recibido de la erudita corte de la que procedía, la promoción y producción de manuscritos y de obras de romance y de historia vinieron de su mano y creó y dirigió su propio scriptorium en el que trabajaban cuatro escribas y al menos un iluminador que copiaba los códices. Se sabe que intercambió algunos libros con su hermano Alfonso X y existe una carta datada de 1286 en la que Leonor da las gracias al abad de Cerne por haberle prestado un libro de ajedrez. 

También patrocinaría la orden de Santo Domingo apoyando su trabajo en las universidades de Oxford y Cambridge. Todo esto resultaba algo insólito en la Europa del medievo.

Desde que llegó a Inglaterra empezaría a tener hijos a pesar de su juventud, llegando a tener quince de los cuales tan sólo seis llegarían a la edad adulta y todo ello mientras acompañaba a su esposo en sus lances y batallas. 

Eduardo y Leonor. Manuscrito del siglo XIV


Estaría al lado de su esposo durante la campaña de éste en Gales en 1263 y también iría con él a Francia donde solicitarían la ayuda del rey francés para librar con éxito, la Segunda Guerra de los Barones en Inglaterra. 

Cuando el 20 de agosto de 1270 Eduardo zarpa del puerto de Dover con un ejercito de 1000 hombres para unirse al rey francés Luis IX en lo que sería la Novena Cruzada, Leonor lo acompaña. Los hijos quedarían al cuidado de los abuelos. 

En 1272 muere el padre de Eduardo, Enrique III. Eduardo y su esposa se encontraban inmersos en las batallas de la Cruzada y no pisaran suelo inglés hasta 1274. Unos días después de su llegada Eduardo es coronado Rey de Inglaterra. 

Los nuevos reyes se encontraron con una maltrecha economía. Las continuas guerras habían dejado exhaustas las arcas de la Corona y entonces Leonor demuestra que entre sus muchas dotes está la de ser una hábil mujer de negocios. Con el beneplácito de su esposo y para que los gastos de su Casa y de su enorme familia no salieran del erario público pone en práctica un sistema mediante el cual lograría recaudar fondos. 

El método utilizado en esta actividad económica consistía en averiguar qué señoríos habían adquirido deudas con algún prestamista poniendo sus tierras como fianza. Cancelaba la deuda, se convertía en dueña de las tierras y exigía a los antiguos propietarios el pago de una renta convirtiéndolos así en sus inquilinos.

No parece que el método gustara mucho a los dueños de los señoríos si tenemos en cuenta lo escrito por Walter de Guisborough en su crónica sobre esos años : El rey desea tomar nuestro oro / la reina, nuestros señoríos,. El Arzobispo de Canterbury, John Peckham, advirtió a Leonor sobre la impopularidad de esas prácticas y las protestas que se estaban generando. Parece ser que la Reina tuvo en cuenta lo dicho por el Arzobispo y hay registros de indemnizaciones ordenadas por ella ante antiguas reclamaciones que se le habían hecho e incluso se sabe que, en su lecho de muerte, Leonor pidió a los jueces que examinaran las actividades de sus encargados y procedieran, si así lo consideraban, a las reparaciones oportunas. 

Leonor sigue acompañando a su esposo en casi todas sus empresas. Acude con él a Gales cuando se firma la unión del Principado a la Corona de Inglaterra y allí, en 1284, nacería su último hijo, el que un día sería coronado como Eduardo II

Castillo de Caenarfon. Gales


Las primeras noticias de una enfermedad de Leonor datan de 1287, cuando encontrándose los Reyes en Gascuña un miembro de la comitiva real escribe que la Reina sufría fiebre doble cuartana lo que ha hecho pensar a los historiadores modernos que se trataba de malaria. 

Su salud no volvería a estar restablecida y sus jornadas de viaje junto al Rey van haciéndose cada vez más cortas. En 1290 inicia junto a su esposo una gira por las propiedades del norte pero su salud empeora y se ven obligados a detener su viaje y buscar alojamiento en la casa de Richard de Weston en la localidad de Harby en Nottinghamshire. Leonor moriría allí durante la noche del 28 de noviembre de ese mismo año. Tenía 49 años de los cuales 36 los había pasado junto a Eduardo. 

Eduardo, roto por el dolor mandaría trasladar su cuerpo a Lincoln donde seria embalsamado, dejando sus vísceras bajo el Coro del Ángel de la Catedral de esta ciudad. 

Desde allí el cortejo fúnebre se dirigiría hacia Londres tardando doce jornadas en el recorrido. En cada uno de los lugares en los que el cortejo se detuvo el rey Eduardo hará levantar una cruz en recuerdo de su amada esposa, doce en total que son conocidas como Eleanor Crosses. De ellas tan solo tres han permanecido intactas pero existen restos de las demás. Las estatuas originales que quedaban de la reina Leonor fueron sustituidas y trasladadas en 1980 al Museo Victoria & Albert.


Eleanor Cross. Charing Cross


La última cruz se levantaría en Charing Cross, en el punto que era considerado como el kilometro cero de Londres. Esta cruz, que fue la más rica y estaba construida en mármol, seria destruida en el siglo XVII durante la guerra civil, y dos siglos después sería construida una replica de la misma. 

Los restos de Leonor fueros depositados en Westminster Abbey el 17 de diciembre de 1290.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Isabel de Farnesio





Isabel de Farnesio. Jean Ranc. Museo del Prado


El 14 de febrero de 1714 fallecía en Madrid María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, dejando al Rey sumido en la tristeza y con una apatía todavía mayor de la que le era habitual. En estas circunstancias, Marie-Anne de La Trémoille princesa de los Ursinos - que había acompañado a Felipe hasta España por expreso deseo de Luis XIV- y Camarera Mayor de la corte, se había adueñado totalmente de la voluntad del Rey. Consideraba Marie-Anne que, dada la fogosidad sexual del Monarca, había que buscarle nueva esposa cuanto antes y para elegirla buscaría el consejo de Gulio Alberoni un clérigo, secretario del duque de Vendôme, y con grandes aspiraciones.

Alberoni sugeriría como candidata a Isabel de Farnesio alegando que : " es una princesa sumisa, obediente, sin deseos de mando". Esta descripción fue suficiente para que la princesa de los Ursinos la considerará la mujer ideal para ser la futura reina de España y un objeto manejable en sus manos y tanta fue su seguridad que se olvido de informar de su decisión, como era lo habitual, a Luis XIV. La candidata tenía, a ojos de Marie-Anne y de Felipe V, otro atractivo añadido: traía como dote los derechos sucesorios al Ducado de Parma que le daban la posibilidad de acabar añadiendo el ducado a la Corona de España. 

Cuando estos hechos suceden Isabel, que había nacido el 22 de octubre de 1692, estaba a punto de cumplir los 21 años. Era hija de los Duques reinantes de Parma y sobrina de Mariana de Neoburgo, la Reina viuda de Carlos II que vivía desterrada en Bayona. El duque de Saint-Agnau define a la futura reina de España como alta y bien formada aunque las huellas que en su rostro ha dejado la viruela le han restado muchos encantos y Luciano de Taxonera dice que Isabel era: " viva, intrépida, astuta, versada en idiomas, gustosa de la politica, aficionada a la historia y preocupada por todas las actividades artísticas e intelectuales". 

Felipe V. Jean Ranc. Museo del Prado

En septiembre, y por poderes, Isabel y Felipe contraen matrimonio y la ya Reina emprende el camino hacia España. Durante su viaje recibirá la visita de su tía Mariana de Neoburgo, que desde Bayona acudirá a la localidad de Saint-Jean-Pied-de-Port para pasar con ella dos días. Durante ellos la pondrá al corriente de las costumbres de los españoles, del carácter de Felipe V y sobre todo la pondrá en contra de la princesa de los Ursinos, a quien Mariana atribuye su destierro. Por su parte Isabel prometerá hacer todo lo posible para conseguir el regreso de Mariana a la corte. 

En diciembre llega por fin a España la nueva reina y al municipio de Jadraque sale a recibirla la princesa de los Ursinos. Marie- Anne acude al encuentro dispuesta a demostrar que ella es uno de los pilares del Reino y como considera que para adueñarse de la voluntad de Isabel es mejor un buen golpe de audacia que una actitud sumisa la toma por la cintura y le dice " cielos señora que cintura tan gruesa". Isabel palidece ante tamaña afrenta y en perfecto castellano ordena al oficial jefe de la guardia: " llevaos de aquí a esta loca que ha osado insultarme"
Ese fue el final de Marie-Anne de La Trémoille princesa de los Ursinos. Isabel daría en ese mismo momento la orden escrita de destierro y sin darle tiempo a recoger sus cosas en Madrid ni tan siquiera a despedirse del Rey, la princesa, acompañada por cincuenta soldados, fue depositada en la frontera con Francia. Aquella candidata a reina sumisa, obediente y sin deseos de mando le había ganado la partida en la primera jugada.

En Guadalajara la esperaba Felipe V y antes de que el Rey se recuperara del asombro que lo acontecido con la princesa de los Ursinos le había producido, ya se había celebrado la misa de velaciones y ya se había metido Isabel en su cama, lo cual le haría olvidar rápidamente a la que durante tantos años fuera su consejera. A petición de Isabel ratifica el Rey el destierro de Marie-Anne y de todos sus colaboradores. 


Felipe V e Isabel de Farnesio. L.M. van Loo. Museo del Prado   


Los madrileños se habían encariñado con María Luisa Gabriela de Saboya y con sus hijos y en la comparación Isabel salía perdiendo, todos la encontraban fea, estirada y con cara de madrastra mala. Despectivamente empezaron a llamarla la partisana. 


A los seis meses de la boda ya había quedado Isabel embarazada, cosa por otra parte bastante lógica si tenemos en cuenta que a los esposos les costaba abandonar el lecho conyugal y que incluso llegaban a despachar los asuntos de Estado desde la cama. Hubo quien dijo que el verdadero trono de Isabel era el tálamo y que desde él gobernaba a su esposo y al Estado. 

Isabel, era consciente de que la Corona de España tenía ya herederos y que estos eran los hijos varones habidos por el Rey con su primera esposa, María Luisa. También era consciente de que su primera obligación como Reina era dar más hijos al Monarca y estuvo dispuesta a hacerlo. Pero también tenía una ambición y a ésta dedicaría gran parte de sus esfuerzos, Isabel deseaba, sobre todas las cosas, conseguir tronos en los que poder sentar a sus hijos. 

El primer hijo de Isabel nacería en enero de 1716 y recibiría el nombre de Carlos. No sería el único pues a pesar de la deteriorada salud mental del Rey, sus obsesiones sexuales le seguían esclavizando e Isabel sabía como manejar esos asuntos en la alcoba. Siete hijos llegarían a tener, aunque uno de ellos moriría al poco de nacer. 

Desde el principio de su matrimonio Isabel solía acompañar al Rey en todas sus actividades, incluida la caza, que llegaría a gustarle mucho. Ambos habían sido educados en el amor hacia el arte y la cultura y gracias a ello dejaron a los españoles un importante legado: El Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, el Palacio Real de Madrid, las reformas y engrandecimiento del Palacio de Aranjuez y también la fundación de la Real Academia Española y La Real Academia de la Historia. 

Felipe V sufría frecuentes episodios de melancolía y tristeza por lo que dejaba prácticamente el gobierno en manos de su esposa y de Alberoni. Se hicieron muchas reformas en política interior pero lo que realmente interesaba a Isabel era la política exterior, obsesionada como estaba en conseguir tronos para sus vástagos. 

Luis I. Jean Ranc. Museo del Prado


Tal vez a causa de su enfermedad o quizá porque Felipe V albergaba el deseo y la ambición de reinar en Francia si Luis XV fallecía de forma prematura, el 10 de enero de 1724 se firmó un decreto por el que Felipe abdicaba en su hijo Luis. 

Isabel y Felipe se habían retirado al Palacio Real de la Granja pero ocho meses después Luis I fallecería víctima de la viruela y lo haría sin descendencia. Isabel que poseía una gran habilidad política se las ingenio para que su marido volviera a ocupar el trono. 

Isabel era una avispada política pero también una mujer con suerte de tal manera que, por los distintos tratados y pactos que en el tablero de la política europea se firmaban, obtendría el Reino de Nápoles y Sicilia, en cuyo trono sentaría a su hijo Carlos. Por el mismo tipo de pactos obtuvo el Ducado de Parma que paso a ser regido por su hijo Felipe. Poco a poco Isabel iba alcanzando sus objetivos.

La enfermedad del Rey se hacía cada vez más manifiesta, los brotes de la misma eran cada vez más frecuentes y finalmente fallecería en julio de 1746. El único hijo que queda de su matrimonio con Maria Luisa Gabriela de Saboya será el nuevo rey de España con el nombre de Fernando VI

La relación de Isabel con sus hijastros no había sido ni buena ni mala, simplemente se ignoraban. Con la mujer de Fernando, Bárbara de Braganza, se llevaba francamente mal y como además la Reina viuda era incapaz de permanecer al margen de los asuntos políticos fue desterrada al Palacio de la Granja.

Isabel va a conocer la muerte de su nuera Bárbara y poco tiempo después la de su hijastro Fernando VI sin descendencia. Por tanto su hijo Carlos pasaría a ocupar el trono de España con el nombre de Carlos III. 

Carlos III. Anton Rafael Mengs. Museo del Prado


Han pasado los años, Isabel está casi ciega y llena de achaques. Su obesidad la obliga a ser ayudada por dos personas para cualquier actividad incluso, para sentarse o acostarse pero ha conseguido casi todo lo que ambicionó en la vida. Ha sido Reina dos veces y, pese a parecer imposible, ha conseguido que su hijo Carlos ocupe el trono de España, que su hijo Felipe ocupe el ducado de Parma y que el último de sus hijos varones se convierta en Cardenal. En cuanto a sus hijas una es Reina de Portugal, otra Reina de Cerdeña y otra, muerta prematuramente, fue esposa del Delfin de Francia. 

La muerte le sobrevino cuando contaba 73 años y su último deseo fue ser enterrada junto a su esposo en la colegiata del palacio de la Granja.

miércoles, 25 de enero de 2017

Zarevich Nicolás Aleksándrovich de Rusia




Zarevich Nicolás. Sergey Zaryanko


Cuando el heredero del zar Alejandro II vino al mundo su padre todavía no era emperador. Nacido en septiembre de 1843 no sería hasta 1855 cuando sería proclamado Zarevich. En esa fecha moría su abuelo y su padre se convertía en el nuevo emperador de Rusia y Nicolás en el heredero. 

Había nacido en Tsárskoye Selo - residencia de la familia imperial - cerca de San Petersburgo y para festejar su nacimiento se repartieron 20.000 rublos entre la gente más necesitada. Su carácter dulce y tímido como el de su madre, María de Hesse-Darmstadt, le granjearon la simpatía de quienes lo trataron desde su más tierna edad. 

La familia le llamaba Nixa y al cumplir los cinco años desaparecerían de su vida las niñeras e institutrices y se encargaría de su educación al general Nikolai Zinoviev. No fue el único profesor puesto que la educación del Zarevich sería muy completa. Junto a sus hermanos y otros jóvenes de la nobleza terminaría sus estudios en una novedosa escuela cuyo proyecto había sido desarrollado por Vladimir Titov: el Liceo. 

Al cumplir los 18 años y en la sala de St. George Hall del Palacio de Invierno juró  fidelidad al país y al servicio del Estado como heredero de la corona. Tras el juramento tuvo lugar una recepción con todos los diplomáticos representantes de los distintos países. 

Nicolás era alto, delgado, guapo y según Chicherin inteligente, alegre y tan agradable que podía llegar a fascinar. Pero no todo eran halagos, había también quien opinaba que el heredero era suave y blando en exceso. Su salud no había sido demasiado buena y desde pequeño sufría de escrofula - inflamación de los ganglios linfáticos - por cuya causa acudía todos los veranos a Liepaja para aliviarse tomando baños de mar.

Juramento del Zarevich Nicolás. Gottfried Willewalde

Nicolás también había sufrido en 1860 una caída de un caballo mientras participaba en las carreras de Tsárskoye Selo, dañándose la espalda y como consecuencia, sufriría dolores el resto de su corta vida. No obstante y a pesar de ello, sería en ese mismo año cuando iniciaría junto al conde Stróganov y por ordenes de su padre, su primer viaje por Rusia con el propósito de irse familiarizando con el territorio que un día le correspondería gobernar. 

Al siguiente año realizaría otro viaje por Rusia. Durante cuatro meses y medio recorrería la parte sur del país y parece ser que durante el mismo todo tipo de personas fueron invitadas a acercarse al heredero. Nicolás parecía interesarse por todo, por la situación de los agricultores, por la situación económica de los sitios visitados, por sus artistas e incluso por la artesanía y las canciones populares. El Príncipe parecía sentir un enorme amor por su tierra y esto originaba en las gentes un enorme amor hacia él.

En 1864 el Zar decide que ya es hora de que Nicolás viaje al extranjero. El viaje tiene un doble objetivo, por una parte darse a conocer en las cortes europeas, por otra tratar de encontrar esposa entre las princesas casaderas.

De nuevo acompañado por el conde Stroganov y un reducido grupo de personas emprende viaje. La relación entre el Príncipe y su comitiva es de compañerismo. Chicherin escribe en sus memorias "Viajamos como un círculo de amigos, de diferentes edades, diferentes posiciones, pero todos conectados por el sentido común y las aspiraciones comunes". El primer país que visitaron fue Alemania después vendrían Holanda y Dinamarca.

En Copenhague le esperaba la que su padre consideraba - en aquel momento político - la novia ideal, Dagmar de Dinamarca, Minnie para la familia, la segunda hija del rey Cristian IX. Si Nicolás se enamoró o no durante las tres semanas que permaneció en tierras danesas es algo que desconocemos.

Ella era bonita, educada y tenía 16 años, cabe suponer que seria al menos de su agrado. El compromiso fue anunciado el mismo día que Nixa cumplía los 21 años. En San Petersburgo los cañones se dispararon para celebrar el anuncio.

Nicolás y Dagmar

A principios de octubre de 1864 Nicolas continuó con el programa establecido de su viaje por Europa y, a través de Stuttgart, Nuremberg, Munich y el Tirol iría a Venecia. Fue precisamente en esta ciudad donde, tal vez por la humedad de su clima, se empezarían a manifestar intensos dolores de espalda y un gran cansancio. A pesar de ello continuó con el viaje y acudió a Turin donde tenía programada una cena con el rey Victor Manuel II.

Cuando la comitiva llego a Florencia, Nicolás volvió a sufrir una crisis dolorosa muy aguda, tan intensa que le obligo a guardar cama y en los pocos momentos en que se ponía en pie se veía obligado a andar encorvado, postura que le resultaba menos dolorosa. Los médicos reunidos determinaron que la causa de la enfermedad era un reumatismo y se le prescribieron masajes durante un mes.

En diciembre se le trasladaría a Niza pensando que el clima más suave de ésta ciudad le sería beneficioso y donde además había acudido su madre María que, alarmada por las noticias sobre la salud de su hijo, decide acudir a su encuentro.

La Emperatriz María. Winterhalter


Se forma un consejo de médicos que no consiguen llegar a un diagnostico y ni tan siquiera logran aliviar al Príncipe del dolor que sufría. Poco a poco Nicolás se va debilitando, adelgaza, está pálido, macilento y los dolores son cada vez mayores, hasta el punto de que ya no consigue ponerse en pie.

A finales de marzo y ante las terribles noticias que llegan desde Niza, su hermano, el Gran -Duque Alejandro, al que siempre había estado muy unido el heredero, sale de San Petersburgo para acudir a su lado. Pocos días después el zar Alejandro II junto al resto de sus hijos emprende el camino hacia Francia con un solo pensamiento en la cabeza, lograr ver vivo a su hijo. Durante el camino se le une la Princesa Dagmar y la madre de ésta. Ambas desean estar al lado del enfermo.

Antes de la llegada de sus familiares Nicolás había empezado a sufrir fuertes dolores de cabeza que se acompañaban de grandes vómitos llegando a perder el conocimiento por breves momentos, durante estas crisis.

Ante la gravedad del cuadro el día 11 de abril se reúne el consejo de médicos y se decide llamar a consulta a los eminentes doctores Nikolai ZdekauerN. Pirogov y es entonces cuando, tras deliberar, se llega a un diagnostico del que se informa a la familia. Nicolás sufre una meningitis tuberculosa cerebro-espinal. Se acaban pues las esperanzas de salvación.

Esa misma tarde entraría en coma muriendo durante la mañana del siguiente día, el 12 de abril de 1865 a los 21 años de edad.

Unos días después la fragata "Alexander Nevsky" trasladaría su cuerpo hasta Rusia. En la Catedral de San Pedro y San Pablo se le daría sepultura el 28 de mayo.


Catedral ortodoxa de San Nicolás. Niza


Años más tarde su madre, la emperatriz María, haría construir un templo en el lugar donde su hijo encontró la muerte. La catedral de San Nicolás es el mayor templo ortodoxo de Europa. Cuando finalizaron las obras en 1912 el propio zar Nicolás II acudió a Niza para la consagración del templo.
En el momento actual la catedral a vuelto a ser propiedad de Rusia.

La leyenda dice que el propio Nicolás, mientras se debatía con la muerte, hablo con su hermano Alejandro y le hizo prometer que se casaría con Dagmar. Fuera ésta la causa o fuera que a Rusia interesaba la alianza matrimonial con Dinamarca, lo cierto es que Minnie acabó convirtiéndose en zarina de Rusia por su matrimonio con el que se convertirá en Alejandro III y también en la madre del último zar, Nicolás II.

lunes, 16 de enero de 2017

Maria I Estuardo. Reina de Escocia




María Estuardo. F. Clouet

María, hija del rey de Escocia Jacobo V y de María  de Guisa, vino al mundo el 8 de diciembre de 1542 en el palacio de Linlithgow, cerca de Edimburgo. La singularidad y la tragedia que marcaron su vida casi desde el nacimiento dieron a su  existencia un aura de folletín que sigue perdurando con el paso de los siglos.

Tenía pocos días cuando falleció su padre, tras ser herido en una batalla contra su tío el rey inglés Enrique VIII, circunstancia que la catapultó a ser coronada reina de Escocia cuando apenas contaba un año de edad. El rey de Inglaterra debió pensar que conseguir el trono de Escocia por la vía del matrimonio sería una buena jugada y propuso a los nobles escoceses el matrimonio de su hijo  y heredero, Eduardo, con la pequeña reina con la condición de que María fuese educada en Inglaterra hasta que el matrimonio  se produjese. La madre de la pequeña, María de Guisa, era una ferviente católica y se negó rotundamente a que su hija pudiera ser trasladada a Inglaterra y educada como protestante. Así pues, rompió el acuerdo y rápidamente la comprometió con Francisco, el Delfín de Francia, enviándola a este país para que estuviera protegida hasta que el matrimonio pudiera celebrarse. Madre e hija nunca volvería a verse.

 En París se le proporcionó casa propia y se la trató con honores de reina. Se relacionaba con los príncipes franceses  y cabe suponer que de no ser por la manifiesta animadversión de su futura suegra, Catalina de Médicis, su adolescencia habría sido grata. El 24 de mayo de 1558, María contraía matrimonio en la catedral de Notre-Dame con Francisco, en una ceremonia llena de pompa y boato. Tan sólo un año después y debido a la prematura muerte de su suegro María se convertía en reina consorte de Francia. Su reinado sería breve, su esposo Francisco moría en diciembre de 1560 dejándola viuda. Poco tardó Catalina de Médicis en apartarla de la corte francesa y en situarse como regente.



Maria Estuardo y Francisco II. F. Clouet


En Inglaterra había muerto ya Enrique VIII y también su sucesora, la triste María "La sanguinaria" y había subido al trono Isabel, la hija de Enrique y Ana Bolena, cuya legitimidad era cuestionada por los católicos. Consideraba María Estuardo que siendo sobrina-nieta de Enrique VIII, tenía más derecho al trono inglés que la mujer bastarda que en aquel momento se sentaba en él y la defensa de ese derecho sería la principal razón de su regreso a la tierra que la vio nacer.

Pocos meses después de la muerte de su esposo, María, regresó a su país encontrándose con una complicada situación entre católicos y protestantes, agudizada por las intrigas de la nobleza y para la que desde luego no estaba preparada. Su educación había sido muy completa y refinada pero, nadie la había instruido en política. 

Colocó a su hermano bastardo, Jacobo Estuardo, como consejero principal e inició una política de tolerancia religiosa, aceptando que tanto católicos como protestantes estuvieran presentes en el gobierno pero, ni los unos ni los otros estaban contentos.

Aparece entonces en escena Lord Darnley, un joven atractivo, arrogante y caprichoso. Era hijo del conde de Lenox - que veinte años atrás había tenido que exiliarse a Inglaterra - y aunque él había nacido en tierra inglesa  y era súbdito de Isabel I, poseía tierras en Escocia y a ellas acudió al poco de la llegada de María. Conquistó a la joven reina escocesa que tomó la decisión de contraer matrimonio con su enamorado, siendo ésta una de las peores decisiones que tomaría en su vida. Los nobles se rebelaron, su hermano Jacobo se alzó en armas contra ella y su flamante esposo le exigió, al poco tiempo de contraído el matrimonio, ser coronado rey de Escocia y compartir de ese modo las tareas de gobierno.

María, que se encontraba ya embarazada, optó por dar largas a su esposo y mientras éste se divertía en Edimburgo ella pasaba el tiempo con un músico italiano, David Rizzio, que pasó de ser músico de la corte a secretario de las relaciones con Francia. Esta situación no gustó nada a Lord Darnley que pactó  con la facción de nobles rebeldes para hacer desaparecer al italiano de la vida de la Reina. El 9 de marzo de 1566 estos nobles entran en los aposentos de María y apuñalan a Rizzio hasta ocasionarle la muerte. Tras este suceso, María se trasladaría al palacio de Edimburgo donde tres meses después daría a luz a su hijo Jacobo.



Lord Darnley. Anónimo. National Gallery Escocia


Tanto María como los nobles que la apoyaban estaban hartos de las exigencias de Darnley. Como las relaciones de los esposos se habían deteriorado optaron por dejar de convivir y él pasó a ocupar Kirk O’Field, una casa cercana al palacio. En esta casa se produjo una explosión  antes de cumplirse el año de la muerte de Rizzio, concretamente en febrero de 1567. El cuerpo de Lord Darnley, semidesnudo, fue hallado en el jardín pero no había muerto por la explosión sino estrangulado.

En la investigación que siguió al hallazgo del cadáver, se comprobó que la pólvora de la explosión había sido suministrada por el conde de Bothwell, uno de los favoritos de la Reina y del que se rumoreaba que era su amante. María se vería obligada a organizar un simulacro de juicio del que Bothwell lograría salir absuelto y enriquecido, ya que, se le devolvieron todas las tierras que en su día le había arrebatado Darnley. No es de extrañar que la sombra de la duda sobre quién había instigado el asesinato de su esposo planeara también sobre la cabeza de María.

Poco después y cuando María viajaba de Edimburgo a Linlithgow la comitiva fue asaltada y la Reina secuestrada por los soldados de Bothwell y conducida a la fortaleza de Dunbar. Lo que allí sucedió se desconoce pero, cuando María regresó a Edimburgo y comunicó que se casaba con Bothwell, explicando que había sido violada por él y debía lavar su honra, nadie la creyó. Fue el principio del fin de la Reina.

Los nobles que habían deseado la caída de Darnley y habían ayudado a conseguirla se alzaron en armas contra María y el conde Bothwell. Al frente de estos nobles estaba el hermano bastardo de María, Jacobo Estuardo. En la batalla de Carberry Hill, María fue apresada y recluida en el castillo de Loch Leven. Bothwell logró huir a Dinamarca. Durante su cautiverio María sufrió un aborto y además fue obligada a abdicar en su hijo Jacobo, que fue proclamado Jacobo VI de Escocia.

En mayo de 1568 María se escapa del castillo disfrazada de lavandera. Con los nobles que todavía le eran fieles logra formar un pequeño ejercito y se enfrenta a su hermano en la que sería su última batalla. Es derrotada y huye hacia Inglaterra, con la esperanza de que su prima Isabel la ayudaría. Nada más lejos de la intención de Isabel que apresó a María de inmediato. La mantuvo recluida en diversas fortalezas y así, estrechamente vigilada, paso los siguientes 19 años de su vida. Fue acusada en varias ocasiones de conspirar contra Isabel I y finalmente  condenada a muerte por alta traición.



María Estuardo camino del patíbulo. Vannutelli


A primera hora de la mañana del día 8 de febrero de 1587 María I de Escocia fue decapitada. Esta Reina pasaría a la Historia como una depravada según los protestantes y como una mártir según los católicos. De lo que no hay duda es de que fue una mujer muy apasionada, con muy poco criterio y probablemente muy desgraciada. Un personaje trágico de enigmática personalidad.

Fue sepultada en la Catedral de Peterborough. Años más tarde su hijo, Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra, mandó trasladar sus restos a la Abadía de Westminster.



miércoles, 28 de diciembre de 2016

Alejandra de Dinamarca, reina consorte de Reino Unido



Alejandra de Dinamarca



Christián de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg y Luisa de Hesse- Cassel se habían casado por amor. Christián estaba en la linea de sucesión al trono de Dinamarca pero no era más que un capitán de la Guardia Real con un salario bastante exiguo. Tras la celebración del matrimonio fijaron su residencia en el palacio Amarillo que, a pesar de su nombre, no pasaba de ser una gran mansión con la fachada pintada del color que le daba nombre. Fue en este palacio donde vino al mundo el 1 de diciembre de 1844 la princesa Alejandra a la que todo el mundo comenzó a llamar Alix. 

Ya hemos dicho que el sueldo de su padre era mas bien escaso y como consecuencia de ello, Alix compartía habitación con su hermana Dagmar - que habría de convertirse en zarina de Rusia- además de compartir con ella vestidos y adornos. Nunca faltó el cariño en aquella mansión que sus progenitores supieron convertir en un autentico hogar para los seis hijos que tuvieron: tres hijas ( Alix, Dagmar y Thyra) y tres hijos ( Frederick, Vilhelm y Valdemar). Supervisaron los padres la educación de los seis hijos y ante la falta de medios se convirtieron en sus maestros en muchas disciplinas. También podía verse a toda la familia paseando por Copenhage y practicando en público algunos deportes. Es posible que la naturalidad con que fue educada explique la tremenda facilidad que tenía Alix para conectar con la gente.

La Reina Victoria I del Reino Unido había decidido que era ya la hora de que su hijo Bertie, Príncipe de Gales, contrajera matrimonio. Pensaba que tal vez de ese modo acabaría por sentar la cabeza y se olvidaría de los líos de faldas en los que siempre estaba envuelto. Pidió consejo a su hija Victoria, princesa consorte de Prusia y ambas se pusieron a buscar candidata entre las princesas casaderas de Europa. 

Aunque en un principio ni la madre ni la hija deseaban una princesa danesa -debido a los conflictos territoriales que Prusia mantenía con Dinamarca- al final llegaron a la conclusión de que Alix era la más idónea y presentaron a la pareja. No obstante y a pesar de que a Bertie le gustó Alejandra no fue hasta un año y medio después que se decidió a pedirle matrimonio.

El 7 de marzo de 1863 el Victoria and Albert arribó al puerto de Gravesend con la princesa Alejandra a bordo, tres días después se celebraba la boda en la capilla de St George del castillo de Windsor. La corte todavía estaba de luto y la celebración de los esponsales no destacó por su magnificencia. 

Alejandra y Eduardo el día de su boda

Pocos meses después Federico VII de Dinamarca muere sin descendencia y el padre de Alejandra sube al trono con el nombre de Christian IX. Su hermana Dagmar se había comprometido con el zarevich de Rusia y su hermano Vilhelm se había convertido en rey de Grecia. Los Príncipes de Gales estaban por tanto emparentados con casi toda la realeza europea.

Alejandra disfrutaba de casi todas las cosas, era afable, cariñosa y divertida. Le gustaba bailar, montar a caballo, patinar sobre hielo e incluso cazar, algo que no dejaba de consternar a la reina Victoria. Se ganó muy pronto el cariño de la gente y también su admiración.
Tras la muerte del príncipe Alberto todo era oscuridad y tristeza en la Corte londinense, no se celebraban fiestas en palacio y la Reina Victoria vestía completamente de negro. La llegada de Alix supuso un rayo de luz entre la espesa niebla. 

Los príncipes se instalaron en Marlborough House, aunque su residencia favorita siempre fue Sandringham Hall, en Norfolk. La mayoría de los biógrafos opinan que este primer periodo de su matrimonio fue feliz aunque no son pocos los que dan cuenta de que la afición del príncipe de Gales por las mujeres no se vio mermada por el hecho de que hubiera contraído matrimonio y que a pesar de que tuvieron seis hijos, Bertie seguía coleccionando amantes. 

En enero de 1864 nació su primer hijo, según aseguraba Alejandra dos meses antes de tiempo, aunque sus biógrafos afirman que dado que todos sus hijos nacían antes de tiempo o bien ella tenía un problema, o bien quería ocultar la fecha probable del parto a la reina Victoria, a fin de no tener que soportar a su suegra durante tan difícil trance. 

A pesar de el difícil carácter de la reina Victoria, suegra y nuera se llevaban bien. De hecho Alejandra asumía algunas de las tareas que resultaban más pesadas para la Reina, y era ella quien acudía a inaguraciones, conciertos, visitas a hospitales y un largo etc de compromisos que resultaban agotadores a la Reina. Sólo en una cosa discrepaban: la manifiesta simpatía de Victoria I por todo lo alemán en contraposición a la profunda animadversión de Alix que, tras la invasión que sufrió Dinamarca por parte de Alemania, odiaba todo lo alemán. 

En 1867 y con el nacimiento de su tercer hijo, sufre un brote de fiebre reumática que estuvo a punto de costarle la vida y que le dejó una cojera como secuela. Varios fueron los brotes de esta enfermedad que sufrió a lo largo de los años pero ninguno fue tan terrible como el primero. 



Alejandra se había convertido en un icono de la moda. Era una mujer coqueta a la que gustaba vestir bien. Tenía una pequeña cicatriz en el cuello que, según ella la afeaba, razón por la cual siempre llevaba blusas y vestidos con cuello alto o gargantillas que prácticamente lo ocultaban. Puso de moda ese estilo y todas las mujeres de la alta sociedad acabaron llevando el cuello tapado. Tenía una gran afición por las joyas, probablemente debida al hecho de haber nacido en el seno de una familia de escasos medios. Las damas de la alta aristocracia la imitaban hasta el punto de que la mayoría de ellas andaba simulando una pequeña cojera, tal como lo hacía Alix. 

Pero poco a poco Alejandra fue aislándose socialmente. A los problemas de salud que representaba la fiebre reumática que padecía se unía una otosclerosis de origen hereditario, que la iba dejando progresivamente sorda. Optó entonces por pasar más tiempo con sus hijos - el último de los cuales había muerto al poco de nacer - y dedicarse con mayor pasión a sus grandes aficiones: la acuarela y la fotografía. Durante varios años tomo clases de pintura y desde 1879 poseía una cámara Kodak aunque sus primeras fotografías datan de 1885. 

En 1892 muere el mayor de sus hijos, Alberto Victor, a causa de una neumonía y la tristeza de Alejandra es tan profunda que sus hermanas, Maud y Victoria la animan a emprender juntas un viaje por el Mediterráneo a fin de distraerla pero, como ella misma decía, había enterrado su felicidad al enterrar a su hijo. No obstante el crucero le proporcionó la paz que necesitaba en aquel momento.



Alejandra se convirtió en Reina en 1901, a la muerte de la reina Victoria. No experimentó demasiados cambios su vida puesto que ya había asumido muchas de las tareas sociales de su suegra mientras era princesa de Gales. No llego a reinar ni siquiera una década puesto que Eduardo VII moriría en 1910 dejándola triste, confusa y aturdida según sus propias palabras. A pesar de que Bertie siempre tenía alguna amante, Alix se sentía querida por él. Bertie admiraba su belleza, su elegancia y su porte, su sentido del humor y su gran humanidad. Eran grandes compañeros y ella soñaba con ver crecer juntos a sus nietos. 

Su mundo empieza a tambalearse cuando estalla la Primera Guerra Mundial. El asesinato de su sobrino el zar Nicolas II y de toda su familia supone un golpe muy duro para la dulce Alix. No vuelve a viajar al extranjero y poco a poco se va apartando de la vida pública. Sus distracciones consistían en el cuidado de sus nietos y en las sesiones cinematográficas privadas que se organizaban en Sandringham. 

Su salud va siendo cada vez más frágil, a su sordera se unió una hemorragia retiniana que la dejó casi ciega, su memoria se va deteriorando y aparecen problemas de lenguaje. El 19 de noviembre de 1925 sufre un infarto del que no se recuperaría. Falleció al siguiente día. 

Unos días más tarde una de sus sobrinas escribió" toda su maravillosa belleza volvió a elle. Yacía en su lecho de muerte con una sonrisa de felicidad…..la fotografía de la paz."Fue enterrada en el castillo de Windsor.

martes, 13 de diciembre de 2016

Carlota de Bélgica. Emperatriz de México




Carlota, Emperatriz de México. Winterhalter



Era la una de la madrugada del 7 de junio de 1840 cuando venía al mundo en el castillo de Laeken una niña que sería la última de los hijos de Leopoldo I de Bélgica y de Luisa María de Orleáns. Como ya tenía dos hermanos mayores vivos, Leopoldo y Felipe, la descendencia por vía masculina estaba asegurada así que cabe suponer que su nacimiento supondría una alegría. 

Desde pequeña se distinguió por su inteligencia y por su enorme precocidad de la que queda constancia en las cartas que María Luisa de Orleáns escribía a su madre, la Reina de Francia María Amalia de Borbón-Dos Sicilias. De sus abuelas ésta sería la favorita de Carlota y con los años se convertiría en su confidente. 

Carlota que también era la favorita de su padre, fue educada como sus hermanos; aprendió idiomas, historia, filosofía y política y algunos autores como Iturriaga, Kervoorde y De Grecia coinciden en afirmar que había sido educada para gobernar. Cuando contaba 10 años murió su madre y aunque su padre y hermanos se volcaron en ella, Carlota pasó por momentos de profunda tristeza y melancolía. 

Con el paso de los años Carlota se había convertido en una hermosa joven, preparada para entrar en el conjunto de princesas casaderas a la espera de marido. No estaba ella destinada a un matrimonio de conveniencia - aunque si fuera conveniente - sino a un matrimonio por amor al menos por su parte. En 1856, cuando Carlota contaba 16 años aparece por la corte belga el Archiduque Maximiliano de Austria, hermano del emperador Francisco José y cuñado de la famosa Sissi. 


Maximiliano de Habsburgo. Winterhalter. 1864


Maximiliano tenía entonces 24 años, era rubio, guapo, de ojos azules, alegre, amante de los placeres y con una sonrisa encantadora. Carlota se enamoraría de inmediato pero no ocurriría lo mismo con Maximiliano. El Archiduque había conocido cuatro años antes a María Amelia de Braganza y ambos jóvenes se habían enamorado y prometido en matrimonio. Desgraciadamente Maria Amelia murió apenas un año después de que se conocieran dejando destrozado a Maximiliano. Así pues, cuando conoce a la princesa belga todavía no se había recuperado del trauma sufrido. Carlota viendo que Maximiliano se marchaba y que su amor no era correspondido entraría en crisis, dejaría de comer y se pasaría el día en la cama con una tristeza profunda. Su padre apela a la Reina Victoria I de Inglaterra para que actué de intermediaria y le escribe: "Charlotte es una joven impresionable y parece haberse enamorado del Habsburgo con novelesco frenesí". 

Finalmente y después de que la reina Victoria moviera algunos hilos y - habida cuenta de que Leopoldo I era un hombre muy rico que dotaba a su hija de una cuantiosa dote -, Maximiliano pide la mano de Carlota y la pareja contrae matrimonio el 27 de julio de 1857 en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas. 

Se instalan en Italia ya que el Emperador Francisco José, a instancias de Leopoldo I, les había concedido el virreinato de Venecia y de Lombardía. Fueron tiempos felices, Carlota seguía muy enamorada de su esposo y como su inteligencia y sus conocimientos sobre política eran mayores que los de él, se convertiría en su principal consejera en los asuntos de gobierno. 



Carlota y Maximiliano en 1857. Colección real de Bélgica

Dos años después, tras estallar la guerra entre Austria, el Piamonte y Francia, los austriacos pierden el control del norte de Italia y Maximiliano y Carlota se ven obligados a huir a Trieste instalándose en el castillo de Miramar. Aquí vivirán los siguientes cuatro años sin tener nada que hacer. Esta situación  de inactividad hunde a Carlota en un nuevo cuadro depresivo. 

Mientras tanto en Mexico gobernaban los liberales con Benito Juárez como Presidente. Acababa de terminar la Guerra de Reforma y el país se encontraba arruinado y endeudado con Francia,Inglaterra y España. Napoleón III consideraba que crear en México un estado satélite sería una manera de cobrar la deuda y con tal fin invadiría Mexico, lo que obligaría a huir a Juárez. Era el mes de junio de 1863, un mes después la Asamblea de Notables reunida en la capital, nombra a Maximiliano Emperador de Mexico. 

Es el propio Napoleón quien escribe a Maximiliano para darle la noticia y ofrecerle su ayuda, asegurándole que sus tropas continuarán en México para darle respaldo. Incredulidad, estupefacción y probablemente miedo fueron los primeros sentimientos del Archiduque, por el contrario, a Carlota la idea de convertirse en Emperatriz y poder gobernar la entusiasmó. 

En mayo de 1864 desembarcan en Veracruz. No hay aclamaciones en las calles, nadie acude a recibirlos y dado que el Palacio Real estaba en ruinas se instalan en el Castillo de Chapultepec. Carlota ya hablaba español correctamente. Con el paso de los meses los nuevos Emperadores se dan cuenta de que nada de lo que les habían prometido era cierto. Los liberales no les querían, los conservadores no les apoyaban y los franceses consideraban que no defendían debidamente sus intereses. Carlota deja escrito en su diario "Nos prometieron que encontraríamos la paz a nuestra llegada, pero nada más lejos de la realidad". 

La relación entre los esposos era buena, seguían colaborando y de hecho en los múltiples viajes que hacía Maximiliano por las provincias mexicanas, era Carlota quien quedaba como regente. No obstante dormían en habitaciones separadas y la relación marital era inexistente. Esta situación dispararía los rumores sobre una posible impotencia del Emperador.

Dos años después Napoleón III decide retirar a sus tropas y ante éste abandono Maximiliano considera que debe abdicar, pero Carlota no se lo permite. El Emperador, aún en contra de su voluntad, acepta el consejo de su esposa. Ese mismo año el padre de Carlota, Leopoldo I fallece y empiezan a manifestarse en ella los primeros signos de desequilibrio psíquico. 


Castillo de Chapultepec

La Emperatriz no come, apenas duerme y frecuentemente tiene accesos de cólera pero, decidida a ayudar a su marido emprende viaje a Europa. No era la búsqueda de ayuda la única razón por la que abandona México, según algunos historiadores Carlota se hallaba embarazada y el embarazo no era de su imperial marido, con quien seguía sin mantener relaciones maritales. 

Su intención al llegar a Europa era entrevistarse con Napoleón III y conseguir de nuevo su apoyo militar. Como cabía esperar el Emperador francés no se dejaría convencer y como consecuencia de ello el estado psíquico de Carlota empieza a deteriorarse. 

Sale de Francia y acude a Roma para solicitar la ayuda de Pio IX . Según nos cuenta Vallejo-Nájera: "Su Santidad observa con estupor cómo Carlota se agita de manera convulsa, saliendo de su boca una catarata de palabras en cinco idiomas que se entremezclan. De pronto dicen que tiene miedo, que Napoleón y Eugenia la han envenenado y , sin dilación, se introduce cuatro dedos en la boca para vomitar el tóxico". Sigue gritando que Napoleón y su esposa Eugenia de Montijo quieren envenenarla y se niega a abandonar el Vaticano. Carlota acaba de sufrir la eclosión de un cuadro psicótico que los expertos calificaron de esquizofrenia. 

A Roma acude su hermano Felipe, conde de Flandes, para hacerse cargo de ella y la traslada al castillo de Miramar. Los doctores Reidel y Jilek han sido llamados a consulta y ambos dirían que la emperatriz sufría "una grave manía persecutória". Ninguno de ellos hace referencia a un posible embarazo. Maximiliano  recibiría un telegrama con el siguiente texto: "Su Majestad la emperatriz Carlota ha sido golpeada el 4 de octubre, en Roma, por una grave congestión cerebral. La augusta princesa se ha trasladado a Miramar". 

México era un polvorín y Maximiliano, tras perder todos los apoyos, es apresado en mayo de 1867. Se le juzga y se le condena a muerte. El 19 de junio es fusilado. Para no agravar su estado nada se le cuenta, en aquel momento, a su esposa. 

Carlota nunca vería a su hijo, si es que realmente lo tuvo.  Respecto a la identidad de éste - La Casa Real Belga siempre guardó silencio - se ha dicho que se trataría del el general Maxime Weygand. Según el historiador francés André Castelot el propio Leopoldo III le habría confirmado que la paternidad de Weygand correspondía al general Van der Smissen”. Este militar se encontraba en Mexico en 1866.

En 1996, la historiadora belga Laurence van Ypersele, profesora de la Universidad Católica de Lovaina, publicó un libro que venía a resumir el estudio psicopatológico que había realizado al analizar las cartas escritas por Carlota durante su largo encierro, cartas que nunca llegaron a sus destinatarios pero que, concluye la historiadora, por su graforrea parece sobrepasar la mera etiqueta de esquizofrenia. 

De Miramar la trasladan a Tervueren y de aquí al castillo de Bouchout . Allí pasaría las siguientes décadas sobreviviendo a ese mundo que había conocido y que se derrumbaba a su alrededor. Murió a consecuencia de una neumonía el 19 de enero de 1927. Tenía 86 años, sesenta de los cuales los había pasado encerrada.

Isabel de Portugal, esposa de Carlos I




Isabel de Portugal. Tiziano. Museo del Prado


El rey de Portugal, D. Manuel "El Afortunado", había tenido la desgracia de quedar viudo de la infanta Isabel, hija primogénita de los Reyes Católicos, y de perder también al único hijo que su esposa le había dado. Como interesaba a D. Manuel seguir teniendo una buena relación con los reyes de Castilla y Aragón y necesitaba herederos, consideró solicitar a los Reyes Católicos la mano de su hija María, que le fue concedida de buen grado por los monarcas. Poco podía imaginar la infanta María cuando se dirigía a Portugal para desposarse con el que fuera su cuñado que, años más tarde, una de sus hijas volvería a su tierra natal para convertirse en reina y emperatriz. 

Fue alumbrada Doña Isabel en Lisboa, un 25 de octubre de 1503. Era una niña hermosa, segunda de los hijos de los reyes, y fue educada con esmero por su madre quien también fomentó en ella el gusto por la suntuosidad en sus atuendos y en las joyas con las que se adornaba. Cuando contaba catorce años murió su madre, quedando ella al cuidado de sus hermanos. La hermosa niña se estaba convirtiendo en una autentica belleza: esbelta, grácil y airosa, de cabellos rubios y grandes ojos de mirada inteligente, causaba admiración a todos los que la contemplaban. 

Tardó poco D. Manuel de Portugal en contraer nuevas nupcias, a pesar de la gran prole que le había dado Dª María, y contrajo matrimonio con una sobrina de la que fuera su esposa, Dª Leonor de Austria, hija de Juana "La Loca" y hermana por tanto de Carlos I. Tuvo de ella dos hijos, aunque solo uno sobrevivió, y murió pocos años después. Subió al trono portugués el hermano de Isabel, Juan III, quien quiso contar con los consejos de Dª Leonor, la reina viuda, reteniéndola a su lado. Esta situación desencadeno no pocas habladurías y para cortar con ellas D. Carlos exigió a su hermana el regreso a España. 

Corría el año 1525 y D. Carlos I había sido ya coronado Emperador de Alemania en Aquisgrán. Las Cortes de Toledo urgían al Rey para que tomase esposa puesto que convenía afianzar la Corona con un heredero. Había tenido ya D. Carlos algunos amoríos y tenía una hija bastarda reconocida por él pero su fama de hombre galante excedía a la realidad. Se inicia la búsqueda de esposa y se considera la posibilidad de un doble pacto con Portugal: el rey D. Juan desposaría a Catalina, la hija póstuma de Felipe "El Hermoso", que vivía recluida en Tordesillas, y D. Carlos contraería matrimonio con la hermana del rey portugués: Dª Isabel. No fue ajena D. Leonor a estas negociaciones que finalmente fueron aceptadas por D. Carlos. 

El Emperador Carlos V. Tiziano. Museo del Prado

La boda se celebró por poderes a finales de octubre de 1526 y no sería hasta el 11 de marzo del siguiente año que ésta se celebraría en los Reales Alcázares de Sevilla. No sabemos si influyó el embrujo de ésta ciudad o si fue la magia de la Alhambra de Granada, en la que pasaron su "luna de miel" pero, lo cierto, es que el amor entre ambos surgió de inmediato. Tanto deseaba el Emperador hacer feliz a su esposa que hizo plantar en el Mirador de Lindaraja y en su honor unas nuevas flores traídas de Persia: los claveles.

Cuando en noviembre de aquel mismo año los Reyes se encaminaban hacia Valladolid Dª Isabel estaba ya en su tercer mes de gestación y es en esta ciudad donde viene al mundo su primer hijo, Felipe, tras un largo y laborioso parto en el que no se oyó a la Reina emitir ni una sola queja. Tan sólo trece meses después y ya en Madrid, Isabel alumbraría una niña a la que se le impondría el nombre de María. No estuvo presente el Rey en este parto, ya que, asuntos urgentes lo retuvieron en Aragon. Tras el alumbramiento se le presentaron a Dª Isabel unas calenturas tercianas que la dejaron muy debilitada y que, a decir de los madrileños, se curaron por la gran cantidad de agua milagrosa de la fuente de San Isidro que bebió la Reina. 


Alhambra. Mirador de Lindaraja

Han transcurrido pocos meses desde este alumbramiento cuando D. Carlos marcha a Italia dejando a Isabel como regente. Su sensatez y su talento hacían de ella, en opinión del Rey, la perfecta gobernadora y no cabe duda de que así era ya que, aunque no tenía formación en política cuando llegó desde Portugal, su inteligencia, el profundo amor que sentía por su esposo y el adiestramiento de Carlos, la convirtieron en una experta. No en vano corría por las venas de ambos la sangre de dos grandes estadistas: sus abuelos, los Reyes Católicos. Fue durante esta ausencia de D. Carlos cuando Dª Isabel alumbraría a su tercer hijo, un varón al que llamaron Fernando y que moriría pocos meses después sin que su padre hubiera llegado a conocerle.

Larga fue esta ausencia del Emperador que no llegó al puerto de Barcelona hasta 1533. Tan impaciente estaba Dª Isabel por volver a ver a su esposo, que ya llevaba varios meses en Barcelona con sus hijos y es allí donde enfermaría por segunda vez de tercianas o paludismo. Quedó muy debilitada tras estas fiebres que a punto estuvieron de costarle la vida. Una vez restablecida acompaña a su esposo a las cortes de Monzón pues, a pesar de que era muy recatada, le gustaba ser vista por el pueblo y mostrarse ante ellos bien vestida y enjoyada. 

A Dª Isabel le gustaba ser nombrada por su titulo de emperatriz, probablemente por respeto a su suegra, Dª Juana, a la que ella consideraba la Reina. Acudió en distintas ocasiones a visitarla a Tordesillas y en alguna de estas visitas llegó a llevar a sus hijos pero, no han quedado testimonios de cómo se desarrollaban estas entrevistas. 

De nuevo se encontraba Isabel sola. El Emperador había partido hacia Túnez para librar otra de sus múltiples batallas y es en esta ciudad donde se entera del nacimiento, en el verano de 1535, de su nueva hija, una infanta que nació en Madrid y a la que se llamó Juana. A pesar de que el alumbramiento fue normal Isabel estuvo enferma durante la gestación. Fueron unas fiebres de las que no se especifica la causa pero que si son descritas en las cartas que el cardenal Tavera escribe al emperador. 

El emperador Carlos V y su esposa Isabel. Tiziano. Museo del Prado

Ante la incomodidad del gran Alcazar de Madrid, cuyas obras todavía no habían concluido, la Emperatriz había acabado por instalarse en Toledo, ciudad que le gustaba mucho, y donde se instala la corte, fijando Dª Isabel su residencia en el palacio de los Condes de Fuensalida. Allí el ambiente renacentista empieza a impregnar los salones y los poetas Garcilaso de la Vega y Juan Boscán no son ajenos al cambio producido. Tampoco es ajeno a este refinamiento el duque de Gandia, Francisco de Borja, que tocaba prodigiosamente el órgano. La admiración y la devoción que el duque de Gandia sentía por la soberana era notorio pero, si realmente llego a amarla nunca se supo. El duque era un hombre casado que jamás hubiera puesto en peligro su permanencia en la corte de Toledo. Ya se intuía en él la vocación religiosa que desarrollaría años más tarde. 

Era el verano de 1538 cuando regresa el Emperador. No le gustaba mucho a D. Carlos la residencia en Toledo pero, puesto que las obras en el Alcazar continuaban se mantuvieron allí. Se da cuenta entonces D. Carlos de la estricta educación que Dª Isabel imparte a sus hijos a los que parece estar educando más para la vida monacal que para ser príncipes y princesas. Se decide entonces, siguiendo las costumbres europeas, que el Príncipe de Asturias, D. Felipe, que ya tiene once años, pase a tener casa propia y en la elección del cargo de Mayordomo Mayor del príncipe surgen algunos desacuerdos entre los cónyuges. 

El Emperador permanecía en España y Dª Isabel se sentía feliz por ello. En la primavera de 1539 se organizaron fiestas, bailes y justas y el ambiente era alegre en la corte. La emperatriz se hallaba de nuevo embarazada y se esperaba el alumbramiento para el inicio del verano, pero el parto se adelantó tras sufrir la soberana un cuadro febril. Parió un niño muerto y fue asistida tan solo por una comadrona, Dª Quince de Toledo, mujer experimentada que, tal vez por esto, quiso llamar de inmediato a los médicos de su majestad ya que la Reina presentaba una gran hemorragia. A los tres días la fiebre se agudizó por - según las crónicas - gripe y neumonía, así lo hacen constar en cartas escritas al Emperador - que se encontraba en Madrid junto a su hijo Felipe - los doctores Villalobos y Alfaro, que eran quienes la asistían y que no parecían temer por su vida. Sin embargo la fiebre persistió, el cuadro continuó agravándose y finalmente se produjo la muerte. Hoy se piensa que probablemente la causa del fallecimiento fue una infección puerperal. 

Palacio de Fuensalida. Toledo

Aunque avisado con urgencia, ni el Emperador ni el príncipe pudieron ver a Dª Isabel con vida. D. Carlos no quiso verla muerta. Medio enloquecido se refugió en el monasterio de Santa María de Sisla y allí permaneció varios meses sin querer ver a nadie. El duque de Gandía, Francisco de Borja, no se separó del cadáver de la Emperatriz y acompañó al féretro desde Toledo hasta Granada. Junto a él caminaba el príncipe de Asturias, D. Felipe, que fue el único al que no se vio derramar ni una sola lagrima.

No volvió a casarse el Emperador y, aunque tuvo otras relaciones amorosas, no quiso que ninguna otra mujer se sentara a su lado en el trono del Imperio.

 Dª Isabel murió el 1 de mayo de 1539 en el palacio de Fuensalida, tenía treinta y seis años.