martes, 26 de diciembre de 2017

Isabel de Habsburgo, Reina de Dinamarca.







Isabel de Habsburgo. Jacob Cornelisz. Museo Thyssen



Era un caluroso día de verano en Bruselas, concretamente el 18 de julio de 1501 cuando Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos, traía al mundo al tercero de sus hijos. En esta ocasión era una niña, a la que se llamó Isabel en honor a su abuela. 

La pequeña Isabel disfrutaría muy poco de la presencia de sus padres. La muerte rondaba la casa de su familia materna y una serie de fallecimientos propiciarían el nombramiento de su madre como heredera de los Reyes Católicos. Juana y Felipe partirían en noviembre de 1501 para su nombramiento ante las Cortes de Castilla y Aragón. 

Isabel y sus hermanos fueron encomendados al cuidado de su tía paterna, Margarita de Austria, trasladándose al poco tiempo a la corte de Malinas donde los tres serían educados. Aunque sus padres regresaron en 1504 poco sería el tiempo que pasarían con ellos puesto que, tras la muerte de Isabel La Católica, ambos regresarían a Castilla para tomar las riendas del Reino heredado por Juana. 

Isabel no volvería a ver a sus progenitores puesto que Felipe murió y Juana fue encerrada en Tordesillas. Así pues, su tía Margarita ejercería de madre de ella y de sus hermanos. 

Poco sabemos de la educación que recibió pero lo que si se sabe es que hablaba francés y alemán. Es de esperar, no obstante, que su educación fuese esmerada si tenemos en cuenta que su tía Margarita era una mecenas de las Artes y las Letras y que en Malinas reunió a cantidad de pintores, arquitectos, literatos y músicos. 

Palacio de Malinas

Siguiendo con la tradición existente en las cortes europeas el futuro matrimonial de Isabel empezaría a estudiarse cuando la niña contaba pocos años. En Malinas se consideraba que una unión con los países nórdicos convenía a la política expansiva de los Habsburgo y, debido a éstas consideraciones, el futuro de Isabel quedaría marcado. Se la prometería a Cristián II, rey de Dinamarca y Noruega.

Con apenas 14 años emprendió viaje hacia su nuevo hogar para unirse a un hombre al que no conocía y que era 20 años mayor que ella. Tristes momentos para una niña que había crecido rodeada del cariño de su tía y de sus hermanos. El matrimonio se celebraría el 12 de julio de 1515 en la ciudad de Copenhague. 

Isabel se encontró con un hombre irascible con el que no podía entenderse sin la ayuda de un traductor y que además estaba enamorado de otra mujer a la que había convertido en su amante.  La mujer se llamaba Dyveke y era una bella holandesa a la que el rey había conocido en Bergen y que lo acompañó a Dinamarca.

Pese a la exigencias del abuelo de Isabel, Maximiliano I, para que Cristián abandonara a su amante, la pareja continuó su relación sin respeto alguno por la nueva posición de hombre casado del rey danés. Como consecuencia de ello las relaciones de Isabel con su esposo serían prácticamente inexistentes. 

Cristián II. Van Orley. Múseo Lázaro Galdiano

En 1517 se produce la muerte, en extrañas y nunca aclaradas circunstancias de Dyveke, la amante del rey. Se llegaría a decir que Maximiliano I había ordenado su envenenamiento pero serían solo rumores. Lo cierto es que se culpó de su muerte al encargado del castillo de Copenhague y que Cristián lo mandó ejecutar a pesar de no existir pruebas contra él. 

Isabel ya hablaba el danés y por tanto, desaparecida la amante, se produjo un acercamiento entre los esposos. Los daneses empezaban a apreciar las muchas virtudes de su Reina y el cariño del pueblo era cada vez más patente. 

En 1519 es coronada junto a su esposo Reina de Suecia, tras haber derrotado Cristián a quienes se oponían a la Unión Kalmar. Después de la coronación, el nuevo Rey haría ejecutar a todos los los rebeldes. Aquel acto fue conocido como el Baño de sangre de Estocolmo. Su cruel comportamiento llevaría a los suecos a una nueva sublevación en 1521 y está vez los sublevados conseguirían destronar a Cristián. 

La pérdida del trono sueco no sería la única, Cristián no tenía demasiados partidarios en Dinamarca tras las reformas que había impuesto. Apenas dos años después de perdida Suecia se revocaba su mandato en Dinamarca y se nombraba como nuevo Rey a su tío Federico. 

En abril, y a bordo del navío El León, Isabel y Cristián abandonan Dinamarca. El nuevo rey danés , Federico I, consciente de que Isabel era muy querida por el pueblo, le ofreció poder permanecer en el país junto a sus hijos. La respuesta de Isabel ha traspasado los siglos :" Ubi Rex meus, ibi regnum meum" ( "Donde está mi rey está mi reino"). Isabel nunca volvería a pisar Dinamarca. 

Durante el siguiente año viajarían por toda Alemania intentando recabar ayudas para recuperar el trono danés. Las relaciones con Lutero de ambos esposos y el abrazo a la reforma por parte de Isabel supusieron un autentico mazazo para los católicos Habsburgo, al frente de los cuales estaba Carlos I de España y V de Alemania. Ninguna ayuda vendría por parte de la familia de Isabel. 

Isabel de Habsburgo

La salud de Isabel empezó a resentirse. Había tenido seis hijos sin apenas tiempo para recuperarse de los partos y además sufría dificultades respiratorias. Se sometería a una cura de baños en Augsburgo pero la pequeña mejoría experimentada duraría muy poco. 

En julio de 1525 celebra, ya muy débil, su cumpleaños rodeada por su esposo y sus hijos. En vista de su mal estado Cristián decide instalar a la familia en la población de Zwijnaarde cerca de Gante. Su tía Margarita, angustiada por el estado de salud de su sobrina, se mantiene en contacto desde Malinas. 

Los ahogos de Isabel aumentaban y ésta intuye que su fin se acerca. Escribe una carta conmovedora a su tía Margarita en la que le suplica que no abandone a sus hijos y a su esposo. Cinco días después de redactarla, moriría. Era el 19 de enero de 1526, tenía 24 años.

Fue sepultada en el altar mayor de San Pedro de Gante. 

La polémica se desató en torno a la fe de Isabel. Su familia, toda ella católica, afirmaba que había recibido la extremaunción por el rito católico y había sido enterrada en la iglesia católica además de dejar a sus hijos al cuidado de su católica tía. Los luteranos afirmaban lo contrario. 

En 1883 sus restos fueron trasladados a Dinamarca. En la actualidad reposa junto a su esposo  en la catedral de Odense.


domingo, 10 de diciembre de 2017

Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, esposo de Victoria I




Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha - John Partridge


El Ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha era un pequeño y nada boyante territorio situado en la Turingia alemana. En él nació en agosto de 1819 Alberto, segundo hijo del Duque Ernesto I y de su primera esposa Luisa de Sajonia- Gotha-Altenburgo. A pesar de la pequeñez del territorio gobernado por su padre, lo cierto es que su familia estaba emparentada con los reyes de los principales Reinos europeos, desde Bélgica hasta Bulgaria pasando por Reino Unido y Portugal. 

Su infancia estuvo marcada por las malas relaciones de sus padres siendo las infidelidades el principal motivo de las desavenencias conyugales por lo que la separación de sus progenitores no se hizo esperar. La madre fue exiliada del Ducado en 1924 y consiguió el divorcio dos años después, casándose entonces con el que fuera su amante, Alexander von Hanstein. Ni Alberto ni su hermano Ernesto volverían a ver a su madre ya que ésta fue la condición para que su padre, Ernesto I, accediera al divorcio. 

Los hermanos fueron educados en su propio castillo por Christoph Florschütz, que les enseñó, entre otras cosas,a dominar la lengua inglesa. Pasaron después a estudiar en Bruselas y más tarde, y como la mayoría de los príncipes alemanes, cursarían estudios de ciencias naturales, política, filosofía, economía y también de pintura y música en la universidad de Bonn. 

Con los años Alberto se había convertido en un joven guapo, de buenos modales, inteligente y con una enorme preparación académica . Era pues lógico que su ambicioso tío Leopoldo, rey de Bélgica, considerase que la unión de Alberto con la heredera al trono del Reino Unido,Victoria, sería muy conveniente. 



Príncipe Alberto - Franz Winterhalter

La duquesa de Kent, madre de Victoria, era hermana del rey belga y también del padre de Alberto, por tanto ambos jóvenes eran primos carnales. En 1836 y tras la insistente recomendación del tío Leopoldo, la duquesa de Kent invitó a Alberto, a pasar unos días en Londres. Victoria quedó gratamente impresionada por su primo y a pesar de que no era el candidato deseado por su tío el rey Guillermo IV del Reino Unido  - al que esperaba heredar al no tener éste descendencia propia -  fue el elegido por una jovencísima Victoria que guardó para sí esta preferencia a fin de no disgustar al rey.

Mientras Victoria se preparaba para ser reina, Alberto completaba sus estudios viajando por Italia junto a su tutor, el Barón Stockmar. 

Ya se había convertido en la reina Victoria I cuando Alberto vuelve a visitarla en Londres y esta vez, ya sin nadie que le impidiera mostrar sus preferencias, Victoria se declararía a Alberto y le pediría en matrimonio. Como era de esperar Alberto aceptó con gran alegría el ofrecimiento. 

En febrero de 1840 y en la Capilla Privada del Palacio de St. James contraerían matrimonio. Cuatro días antes, Victoria I había concedido a su futuro esposo el titulo de Alteza Real y lo había nombrado miembro de su consejo privado. No obstante el Primer Ministro del gobierno de su Majestad, Lord Melbourne, había advertido a la Reina que el Parlamento no concedería a Alberto el titulo de “ rey consorte”. Aunque Victoria consideraba este hecho una discriminación por razón de sexo - a las esposas de los reyes siempre se les concedía el titulo de reinas consorte - tuvo que acatar la decisión del Parlamento. 


Victoria I de la Gran Bretaña - Franz Winterhalter

En los primeros años de su matrimonio Alberto no gozó de las simpatías del pueblo británico que lo consideraba "poca cosa" para su Reina, ni tampoco de las simpatías del gobierno que temía su influencia sobre la enamoradísima Victoria. 

Llevaban pocos meses casados cuando sufrieron un atentado, siendo tiroteados por un hombre al que, tras el juicio, se le consideró demente. El comportamiento de Alberto durante esos terribles momentos intentando proteger a su esposa, ya embarazada, hizo que los británicos empezaran a mirar al marido de "su Reina" con algo más de tolerancia. 

Alberto era, como ya hemos dicho, un hombre culto, inteligente y de ideas liberales. Poco a poco empezó a asumir algunas funciones públicas y a convertirse en el mayor consejero de Victoria, una vez finalizada la enorme influencia que Lord Melbourne ejerciera sobre la Reina. Empezó por ser nombrado presidente de la Sociedad para la extinción de la esclavitud y de una comisión creada para promover las Bellas Artes. A su pericia y buen hacer se deben muchas de las adquisiciones de pinturas y esculturas que se efectuaron. 

Los hijos habían empezado a llegar con una periodicidad prácticamente anual y, a pesar de que la gestación era un estado que desagradaba profundamente a Victoria, la pareja llegaría a tener nueve vástagos: cinco niñas y cuatro niños. 

Pocos años después de su matrimonio Alberto había logrado sanear y modernizar las finanzas reales - de las que se encargaba personalmente - lo que le permitió la compra de Osborne House, un lugar más idóneo para la vida familiar y donde pensaba que sus hijos podrían crecer y ser educados en mayor libertad. 


Victoria y Alberto con algunos de sus hijos - Franz Winterhalter

Llevaba siete años casado con la Reina cuando fue nombrado Rector de la Universidad de Cambridge lo que le facilitó el poder reformar de manera profunda los planes de estudio. Pero Alberto no sólo estaba interesado en la educación universitaria, sus ideas, progresistas para la época, le llevaron a impulsar reformas de las que Gran Bretaña estaba bastante necesitada. 

Alberto soñaba con la industrialización del Reino Unido y, como consecuencia, fue el mayor promotor de La Gran Exposición Internacional de 1851 que se celebró en Londres y que se denominó "Gran Exposición de los Trabajos de la Industria de Todas las Naciones". Constituyó la primera Exposición Universal que se realizaba en el mundo. Fue concebida como un medio para mostrar el progreso tecnológico, científico y artístico de los países participantes. Fue sin duda el mayor éxito de Alberto. 

Un año después Alberto compró el castillo de Balmoral a titulo privado puesto que el clima de Escocia parecía ser beneficioso para la Reina. Siguió, a pesar de que sus nombramientos y cargos eran cada vez mayores, involucradose en la educación de sus hijos, sobre todo en la mayor, Victoria, una niña sumamente inteligente y en el segundo Alberto Eduardo, príncipe de Gales y por tanto el futuro rey. 


Palacio de Cristal de Hyde Park, sede de la Exposición Universal de 1851

En 1859 Alberto empieza a sufrir dolores epigástricos agudos acompañados ocasionalmente de vómitos que le obligaban a permanecer postrado. El cuadro se fue intensificando y el aspecto del Príncipe se iba deteriorando mes a mes. Distintos médicos fueron consultados y se alternaron en su cuidado. Finalmente el Dr William Jenner fue nombrado su médico personal. En noviembre de 1861 el estado de Alberto había empeorado ostensiblemente e intensos dolores de espalda y piernas se unían a los ya existentes. Su médico diagnosticó fiebre tifoidea. 

El Príncipe Alberto murió el 14 de diciembre de 1861 en el Castillo de Windsor acompañado por su esposa y por algunos de sus hijos. Su viuda vistió de negro el resto de su vida. 

Su médico afirmó que la causa de la muerte había sido el tifus pero, a pesar de que no se realizó autopsia, hoy, y a tenor de su historia clínica, se piensa que la verdadera causa fue un cáncer de estomago. 

Sus restos se encuentran el Mausoleo Real de Frogmore

sábado, 18 de noviembre de 2017

Alejandro III de Rusia




Alejandro III

Alejandro vino al mundo en San Petersburgo en marzo de 1845 y cuando nació nada hacía pensar que un día pudiera convertirse en zar de Rusia, teniendo en cuenta que era el tercero en la linea de sucesión. Cuando aquel 10 de marzo Alejandro vio por primera vez la luz, su abuelo todavía era emperador de todas las Rusias y él era el segundo hijo del heredero al trono.

Alejandro no se parecía en nada a su padre, ni a su madre, ni a su hermano y ni siquiera su hijo llegó a parecérsele. No poseía el refinado aspecto de ninguno de ellos, tampoco su elegancia ni sus educados modales. Era grande, alto, robusto, de fuerte complexión, y además era muy tosco en sus ademanes. A decir de muchos parecía más un patán que el hijo de un emperador. 

Como correspondía a un príncipe segundón su educación no fue tan completa como la de su hermano Nicolás - el heredero - y tan sólo se le preparó para la carrera militar. El encargado principal de su educación fue el profesor de Derecho Konstantín Pobedonóstsev, que no se mostraba demasiado satisfecho de su alumno, llegando a decir : "Después de las primeras clases le pregunté sobre lo aprendido para ver qué es lo que se quedó en su mente, resulta que no quedó nada. El gran príncipe presenta pobreza de datos y de ideas". 

Parece pues que la inteligencia de Alejandro era mediocre pero en él calaron y muy profundamente las ideas de su preceptor convirtiéndose en un nacionalista exagerado y reaccionario muy alejado de las ideas liberales de su padre, razón por la que nunca estuvieron bien avenidos. 

Todo cambia para Alejandro en Abril de 1865, fecha en la que su hermano, el zarevich Nicolás, muere tras una corta enfermedad. A partir de ese momento se convertirá en heredero al trono y poco después en el prometido de la novia de su hermano fallecido. 

Dagmar de Dinamarca

Se dice que fue el propio Nicolás, en su lecho de muerte, quien pidió a su hermano que desposará a Dagmar de Dinamarca - su prometida en esos momentos - pero también es verdad que a Rusia le interesaba esa unión con la familia real danesa que, por otra parte, estaba emparentada con gran parte de las monarquías de Europa. Cabe suponer que también a Dinamarca le interesaba una unión matrimonial con Rusia. 

En junio de 1866 Alejandro visita a Dagmar en Cophenage y se formaliza el compromiso, tres meses después Dagmar llega a Rusia para contraer matrimonio. Tras convertirse a la religión ortodoxa pasaría a llamarse María Fiódorovna. La ceremonia de la boda se celebraría el 9 de noviembre en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. 

No hay duda de que Alejandro se había enamorado de Dagmar pues siempre le fue fiel y nunca se le conoció ninguna amante y esta devoción también acabó por enamorar a su esposa.

Desde el momento de su matrimonio y ya como Zarevich, Alejandro fue invitado a participar en los consejos de ministros y representó a su padre en algunos eventos en el extranjero. Mientras tanto, María Fiódorovna, nada interesada en la política, cuidaba de los cinco hijos que tuvo la pareja. 


Boda de Alejandro y Dagmar


En marzo de 1881, su padre, el zar Alejandro II es asesinado en un atentado perpetrado por el grupo terrorista "Voluntad Popular". Ocurrió en el momento en el que se disponía a firmar una serie de documentos con los que pretendía continuar con las reformas liberales que ya había emprendido y llegar, de ese modo, a una Monarquía Constitucional.

Automáticamente el zarevich se convierte en zar de Rusia con el nombre de Alejandro III. 

Los ministros de su padre le aconsejan continuar con la política liberal iniciada por éste, pero no está dentro de la mente del nuevo zar continuar con lo emprendido por su padre. En abril de ese mismo año aprobó un manifiesto que con el titulo "Sobre la firmeza del poder absoluto" proclamaba la necesidad del poder total de los zares para conseguir el bienestar del pueblo. 

Alejandro suspendió la reforma administrativa iniciada por su padre y abolió la autonomía de los centros de educación universitaria, limitando la admisión de los judíos en las universidades y prohibiendo a los colegios admitir a los hijos de sirvientes. No fueron éstas las únicas medidas contra los judíos ya que, aún sin pruebas, los consideraba culpables del asesinato de su padre y a partir de su entronización se iniciaría  uno de los "pogromos " más violentos de los que se dieron en Rusia y que obligarían a huir a miles de judios.  




Alejandro fue también el fundador de la Ojhrana, una policía política dependiente del Ministerio del Interior, que tenía como objetivo evitar actividades revolucionarias en la población y por supuesto proteger a la familia imperial de cualquier atentado. Se dice también que algunos de los pogromos fueron apoyados por ésta policía secreta. 

En 1887 la Ojhrana desmanteló a un grupo que conspiraba para atentar contra el zar. Sus integrantes fueron ejecutados, entre ellos se encontraba Aleksandr Uliánov, el hermano de Vladimir Lenin. 

No obstante, a nivel económico Alejandro logró la estabilidad. Los nuevos impuestos aduaneros y la reforma del rublo tuvieron efectos beneficiosos sobre la economía del país. También hizo ahorros personales, disminuyendo el presupuesto general destinado a palacio y ahorrando a base de limitar el número de sirvientes, las fiestas y hasta prohibiendo que se sirviera vino extranjero en su mesa y se utilizara tan sólo el autóctono. 

En lo que nunca ahorró fue en las obras de arte y el Palacio de invierno y los museos de San Petersburgo están llenos de obras adquiridas por él. 

También durante su reinado se iniciaron las obras del ferrocarril Transiberiano. 

En 1894 Alejandro empezó a encontrarse mal, tenía nauseas, dolor de cabeza y perdía peso. Sus médicos, entre los que se encontraba el eminente doctor Sergey Petrovich Botkin diagnosticaron una nefritis. Su cuñada, Olga, le ofreció su palacio de la isla de Corfú para que se repusiera y Alejandro y su esposa emprendieron viaje hacia Grecia. Nunca llegarían.  

Cuando se encontraban en Crimea la debilidad del zar era demasiado grande como para seguir viajando y decidieron instalarse en el Palacio de Livaida. Allí lo encontró la muerte.

Alejandro murió el 1 de noviembre a la edad de 49 años. Todos sus descendientes serían asesinados 23 años después.

Fue enterrado en la fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

María José de Bélgica, Reina de Italia







María José fue una mujer desdichada, las adversidades la acompañarían a lo largo de toda su vida que había comenzado el 4 de agosto de 1906 en Ostende. Hija de los reyes de Bélgica , Alberto e Isabel, era la más pequeña de tres hermanos, una preciosa niña de rizado pelo y limpia mirada. 

Tenía ocho años cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Sus padres, deseosos de evitarle posibles peligros, la enviaron a un internado inglés mientras ellos permanecían en Bélgica. No obstante, María José, volvía con frecuencia a su país y cuando lo hacía solía acompañar a su madre a los hospitales para visitar a los heridos de guerra. Probablemente a estas visitas y a lo que en ellas veía se debe la profunda germanofobia que desarrolló. 

El destino de María José lo marcarían sus padres al final de la Gran Guerra. Católicos como eran, consideraron que el mejor candidato para convertirse en esposo de la niña era Humberto de Saboya, príncipe heredero a la Corona de Italia, y otro tanto parece que pensaron los católicos reyes italianos.

María José pasó su juventud sabiendo cual era su futuro y según deja escrito en su propio diario no le desagradaba el novio elegido. Era atractivo y tenían algunas cosas en común, como su inclinación por el arte y la literatura.

La boda tuvo lugar en el Palacio del Quirinal, el 8 de enero de 1930. Humberto era un joven muy apuesto y ella era una de las princesas más bellas y elegantes de Europa. En el momento en que se realizó el matrimonio Italia estaba gobernada por Benito Mussolini. 

A pesar de lo que pudieran aparentar, el matrimonio fue desgraciado. Años después, María José afirmaría en una entrevista: " Nunca fuimos felices". Muchas cosas influyeron en la infelicidad conyugal entre ellas la educación de ambos que era radicalmente distinta. Humberto había cursado estudios en la academia militar de Módena y por tanto había estado sometido a una disciplina que nada tenia que ver con el carácter y las ideas liberales de su esposa. Además los rumores sobre la posible bisexualidad de Humberto, que también llegaban a oídos de la princesa, fueron otro de los  motivos de distanciamiento. 




Benito Mussolini contribuiría a la mala relación de la pareja. Las ideas progresistas de Maria José chocaban frontalmente con la práctica fascista del dictador Mussolini y, como consecuencia, éste se encargaría de vilipendiar la imagen de la princesa. En los medios sociales se criticaba su forma de vestir, de peinarse, se la acusaba de frívola y se llego a decir que evitaba tener descendencia para perjudicar a la Corona de Italia. Lógicamente esto quedo desmentido en la primera gestación de la princesa. 

Las desgracias siempre estarían presentes en la vida de Maria José. El nacimiento de su primera hija se vería ensombrecido por la muerte de su padre, como consecuencia de una caída mientras escalaba una montaña. Poco después fallecería su cuñada Astrid, la esposa de su hermano, el nuevo rey de Bélgica, y también de forma trágica. 

La aversión de Mª José por el fascismo era clara y notoria y no obstante se llegaría a decir que entre Mussolini y ella habían existido relaciones sentimentales. 

Cuando estalla la segunda guerra Mundial Maria José intenta ayudar a los prisioneros de guerra belgas con pobres resultados. Su actitud la enfrentaba con su familia política ya que, el rey Victor Manuel, había aceptado sin oponerse la pérdida de la democracia en su país y el cambio a la dictadura de Mussolini. También había permitido la alianza con la Alemania nazi y la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial hasta que, en 1943, y cuando la victoria de los aliados parecía inminente los jerarcas fascistas solicitaron al rey que destituyera al Duce y formara un nuevo gobierno y el rey se apresuró a obedecer.




Hitler consideró una afrenta la destitución de Mussolini y Wehrmacht lanzaría sus tropas contra Roma antes de que los aliados pudieran prestar su ayuda a los romanos. La Familia Real huiría de la capital italiana de inmediato provocando con ello el descontento de los italianos.

En 1946 y para salvar una Monarquía altamente desprestigiada Victor Manuel, cuya hija, la princesa Mafalda, acababa de morir en un campo de concentración nazi, abdica en su hijo Humberto. Era el 9 de mayo de 1946.

Mª José se ve por tanto convertida en Reina, pero su reinado y el de su esposo duraría tan solo 33 días. El 9 de junio, y tras un Referéndum, Italia proclama la República y ordena el exilio de los Monarcas que junto a los cuatro hijos que ya tenían embarcan en el Ducca degli Abruzzi, un barco de guerra de la marina italiana, trasladandose  a Portugal.

Allí se instalaran en Cascais - como tantas otras cabezas destronadas de Europa - en un palacete al que llamaron Villa Italia.




El matrimonio, que nunca fue bien, se desmorona en el exilio y, mientras el  depuesto rey Humberto permanece en Cascais con sus tres hijas,  Mª José y su único hijo varón se instalan en Suiza. Nunca se divorciaron pero la separación fue un hecho y pasó una enorme factura a la familia. La vida de los hijos y nietos de los últimos reyes de Italia estuvo salpicada por los escándalos, los divorcios, el alcoholismo, la drogadicción y las tragedias. 

Mª José moría el 27 de enero de 2001 en el Hospital cantonal de Suiza como consecuencia de una bronconeumonía que no logro superar. 

Durante los 93 años que duró su vida fue Reina durante un mes, tuvo cuatro hijos de un matrimonio fracasado, vivió dos guerras mundiales, perdió a dos cuñadas, Astrid y Mafalda, de forma trágica, su  yerno, Luis Reyna, fue asesinado y uno de sus nietos murió al lanzarse desde una ventana en un acto suicida. Además durante gran parte de su vida tuvo que ver reflejados en todos los periódicos europeos los escándalos protagonizados por la gran mayoría de sus descendientes.

No fue feliz pero supo llevar su infelicidad con una enorme dignidad y elegancia. 

Sus restos mortales descansan en la Abadía de Hautecombe, en la Saboya francesa.

domingo, 22 de octubre de 2017

María Josefa Amalia de Sajonia, esposa de Fernando VII





 María Josefa de Sajonia - Francisco Lacoma y Fontanet - Museo del Prado



Fernando VII, a pesar de tener tan solo 34 años, había quedado viudo dos veces y lo que es peor sin descendencia. Así pues, urgía buscarle una esposa y a ser posible joven para que el tiempo de procreación fuera lo bastante dilatado como para asegurar la descendencia. 

La elegida será María Josefa de Sajonia, prima segunda y sobrina segunda del Monarca lo cual, como es sabido, no importaba en absoluto a la realeza. 

La princesa había nacido en Dresde en 1803 y tenía en aquel momento 15 años. Había quedado huérfana de madre a los pocos meses de su nacimiento y su padre, Maximiliano de Sajonia, la envió a un convento de monjas en la creencia de que éstas educarían a su hija como correspondía a su rango.

María Josefa salió de los muros del convento para contraer matrimonio. Era una niña tímida, ingenua e inexperta a la que nadie en el convento había osado preparar para el destino matrimonial que por su condición de princesa la esperaba. La pobre criatura pensaba que los hijos los traía al mundo una cigüeña, muy trabajadora y muy hábil en estos menesteres, y que ella tan solo tendría que abrir los brazos para recibirlos. 

Si ya era difícil para una niña, sin ninguna información sobre la vida sexual, enfrentarse al matrimonio hay que imaginarse lo difícil que debió ser, para una criatura como ella, ser desposada por un hombre veinte años mayor, nada agraciado fisicamente, con algún que otro achaque de salud -no hay que olvidar que ya sufría gota - y bastante avezado en correrías de faldas. 

Ignorando lo que la esperaba María Josefa llegó a España en octubre de 1819, llevando en su séquito como médico personal al Dr. Koberwein. El matrimonio se celebraría en Madrid, el día 21 de ese mismo mes y esa misma noche decide Fernando VII intimar con su esposa. 


Fernando VII - Francisco de Goya - Museo del Prado


Nadie se había preocupado de explicar a la joven reina la anatomía de un varón y tampoco nadie la había informado sobre la serie de prácticas requeridas e indispensables, al menos en aquellos años, para la procreación. 

Así que llegada la noche y cuando se vio ante Fernando VII, dispuesto éste a enseñarle todo lo que la joven debería haber sabido, fue presa del pánico. María Josefa sufrió una crisis nerviosa de tal magnitud que llegó a defecar y a orinarse encima en aquel mismo momento.Parece ser, según nos cuentan, que el rey  "al poco de entrar salió de la alcoba regia más que deprisa, en paños muy menores, echando pestes y apestando".  

A partir de aquella noche Dª María Josefa se negó a admitir contacto intimo con su esposo, convencida como estaba que ello era altamente pecaminoso y mancillaba su virtud. Ni su médico personal ni capellanes ni religiosos de la Corte la hicieron cambiar de idea y no hubo más remedio que comunicar al Papa la situación, bien para que la hiciera entrar en razón o bien para que dispusiera anular el matrimonio.

Intervino León XII y solo por ello consintió la reina aceptar a su esposo en su alcoba , no obstante y, tal vez, con la esperanza de evitar aquello que tanto le repugnaba, suplicaba a D. Fernando cada noche, que ambos rezaran el santo rosario antes de que el rey iniciara cualquier acercamiento. 

No es de extrañar que dadas las circunstancias los hijos no llegaran. Fernando VII, al que gustaba y mucho su esposa, no cejaba en su empeño y llevó a la reina en varias ocasiones a tomar las aguas de Sacedón y de Solán de Cabras pues los médicos las recomendaban para aumentar la fertilidad. Se cuenta que en una ocasión en la que viajaban hacia Solán en un caluroso mes de agosto y por polvorientos caminos, el rey sacando la cabeza perlada de sudor por la ventanilla del carruaje le dijo al oficial que cabalgaba junto al vehículo : "! De este viaje salimos todos preñados… menos la Reina!" 


María Josefa Amalia de Sajonia - Luis de la Cruz y Ríos - Museo del Prado


Lo cierto es que durante los diez años que duró su matrimonio no se produjo ninguna gestación de Dª María Josefa. Nunca intervino en la política del Reino, tan sólo le interesaban las obras de caridad, procuraba evitar cualquier evento festivo y su mayor distracción consistía rezar y escribir poesías. 

En abril de 1829, y encontrándose los reyes en Aranjuez, la reina enferma. La crónica de esta enfermedad se conoce gracias a las cartas que Fernando VII escribe a su secretario privado D. Juan Manuel Grijalva. En un primer momento la enfermedad parecía ser tan solo un resfriado que fue tratado por el Dr Castelló, médico de la Corte. Pero, poco a poco el estado de la reina fue empeorando, aparecieron las fiebres y la tos y como era costumbre en la época se iniciaron las sangrías. 

El estado de María Josefa no mejoraba y el Dr Castelló manda consultar a otros tres médicos ante la sospecha de que la egregia dama sufriera una pulmonía. De nada sirvió puesto que nada pudieron hacer los médicos consultados. La reina falleció el 18 de mayo de 1829, con tan sólo 25 años.
Fernando VII se encontró de nuevo viudo y sin descendencia.

Sus restos, al no haber dado hijos a la Corona, reposan en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial.

martes, 25 de julio de 2017

Eulalia de Borbón, Infanta de España


Eulalia de Borbón - Giovanni Boldini



En la madrugada del día 12 de febrero de 1864 la reina Isabel II alumbraba en el Palacio Real a la última de sus hijas. Se le impondría el nombre de Eulalia ( por ser la santa del día de su nacimiento) y una larga lista de otros nombres, continuando así con la costumbre de la Casa Real española.

 Eulalia contaba apenas cuatro años cuando en España se desató " La Gloriosa", la revolución que traería como consecuencia el exilio de la reina y de su familia. Se trasladaron a Paris, instalándose en el palacio Basilewsky, que, dado el casticismo de Isabel II, fue rebautizado de inmediato pasando a llamarse palacio de Castilla.

Eulalia y sus hermanas ingresaron en el colegio del Sagrado Corazón, y la infanta guardaría de él muy gratos recuerdos. La etiqueta era, lógicamente, menor que en Madrid y esa libertad de la que gozaba la rememora Eulalia en sus memorias escribiendo que "todo era fácil, alegre y grato en aquel París risueño del último periodo imperial". 

Cuando se produjo la restauración de los Borbones en el trono español, Eulalia tenía 11 años. Su hermano Alfonso regresó a España pero tanto ella como su madre y hermanas - excepción hecha de la Infanta Isabel que, al ser la mayor, sería nombrada Princesa de Asturias - permanecerían en París ya que, no serían autorizadas a pisar suelo español hasta un año después.

A pesar de sus pocos años, Eulalia aparecía como la más guapa de las hermanas. Era rubia de ojos claros y tez blanca, tenía una hermosa figura y demostraba, ya en aquellos años, una gran sencillez y un cierto carisma.

Eulalia con Isabel II y sus hermanas


La vida transcurría para Eulalia entre Sevilla y Madrid y la experiencia del regreso a la Patria no parece que fuera de su agrado, acostumbrada como estaba a una vida más libre y con mayores distracciones. La propia Eulalia confesaría que no tenía amigas con las que divertirse.

La destronada Isabel II había regresado a Paris y Eulalia y sus hermanas, instaladas en el Palacio Real, habían visto casar a su hermano con Mª de las Mercedes de Orleáns, quedar viudo de ésta y volver a contraer matrimonio con Dª Cristina de Habsburgo.

Cuando la segunda boda de su hermano se celebra Eulalia tenía 15 años y por razones de etiqueta no podía asistir a los saraos que se celebraban pero, fue justamente durante esta boda cuando tuvo lugar el primer escarceo amoroso de la Infanta.

El Archiduque austriaco Carlos Esteban, hermano de María Cristina, acudió a Madrid para la boda y parece ser que Eulalia, según nos cuenta ella misma, al ver lo apuesto que era quedó vivamente impresionada. Sin pensarlo dos veces, y desobedeciendo las ordenes de su hermano el Rey, acudió a su encuentro y entre ambos surgió el flechazo. Aquel primer amor se diluyó tan rápidamente como había surgido, pero da cuenta del indómito carácter de la Infanta.

Eulalia se sentía como una extranjera en España, su espíritu liberal chocaba de frente con el encorsetamiento de las damas españolas y su exacerbado catolicismo. Por otra parte las relaciones con su hermana Isabel eran francamente malas, las separaban diez años y un modo de entender la monarquía diametralmente opuesto.

En Sevilla conocería Eulalia a otro de sus amores juveniles: Carlos de Portugal, heredero a la Corona lusa. A pesar de que ambos se enamoraron no entraba en los planes de Eulalia convertirse en Reina y rechazó al pretendiente aunque, según José Mª Zabala, se convirtieron en amantes y parece ser que esta relación perduraría hasta que en 1907 se produjo la muerte de D. Carlos.

Como ocurría siempre, las razones de Estado imperaban y el Rey ya tenía pensado el candidato que convenía a la Corona española como marido de Eulalia. El elegido era Antonio de Orleáns y Borbón, hijo de los duques de Montpensier y por tanto su primo carnal. No era del agrado de Eulalia pero cuando Alfonso XII, ya mortalmente enfermo, pide a la Infanta que acepte el compromiso ella, conmovida por la inminente muerte de su hermano, prometerá hacerlo.


Antonio de Orleáns y Borbón

No le quedaría mas remedio que cumplir su promesa. La presión de su madre y de su hermana Isabel serían más fuertes que su deseo de rechazar al novio y la boda se celebró el 5 de marzo de 1886 en el Palacio Real de Madrid.

Ninguno de los dos estaba enamorado y el carácter de ambos era completamente distinto. Eulalia era inteligente, cosmopolita e independiente y Antonio un hombre excéntrico, amante del lujo, mujeriego y de limitada inteligencia.
 Desde el momento en que Eulalia se convirtió en una mujer casada se le empezaron a encomendar tareas de representación y comenzó su etapa viajera. Estaba presente en todas las cortes europeas junto a su esposo pero, a pesar de que los hijos habían comenzado a llegar el matrimonio hacía aguas. Antonio de Orleans tenía sus amantes y Eulalia no le iba a la zaga y también tenía los suyos. De entre ellos quizás el más conocido, en aquella época, fuera el conde francés Jorge Jamentel.

En los periodos entre viajes Eulalia regresaba a Madrid, lugar que detestaba y donde no encontraba ningun aliciente. La regente, Mª Cristina, era una viuda triste y con su hermana Isabel jamás se había llevado bien. En 1893 realizó, representando a España, un viaje por Estados Unidos y Cuba, tal vez, el más emblemático y conocido y también el más comprometido.

Eulalia y su esposo dejaron de aparecer juntos en 1895, aunque hasta cinco años después no se produjo la separación oficial. Fue la propia Eulalia quien la solicitó al darse cuenta que la suma de dinero que recibía del Estado español como Infanta y que era administrada por su esposo, disminuía considerablemente antes de llegar a sus manos. El escándalo corrió como la pólvora, removiendo los cimientos de la realeza y de la nobleza europea.

Eulalia junto a sus hijos

Eulalia se trasladaría a Paris, huyendo de los acusadores ojos de su familia, de los políticos españoles y de la nobleza. La custodia de los hijos le sería otorgada al padre y éste se apresuraría a enviarlos a un internado inglés. Ni Eulalia ni su exmarido se ocuparían demasiado de ellos.

Comienza entonces un periodo muy "agitado" en la vida de la Infanta que , ya libre, recorre todas las cortes europeas participando en cuantos actos sociales se celebraban. También se relaciona con intelectuales y artistas tanto de izquierdas como de derechas, monárquicos o no, lo que ampliaría su mente y sus conocimientos. Su familia empezaría a referirse a ella como "la republicana" y por su parte, Eulalia llegaría a decir que "Ninguna corona se ciñe lo suficiente como para no caerse". Fue una premonición.

En 1911 protagonizaría otro escándalo al publicar "Au fin de la vie" su primer libro, que fue prohibido en España por Alfonso XIII, y tachado de inmoral y escandaloso por la sociedad española. Después escribiría otros.

Los cuatro años que duró la Primera guerra Mundial los pasó en Paris, sin escuchar a familiares y amigos que le pedían que regresara a España. No volvería hasta 1921 y por poco tiempo. Las relaciones con su familia se habían ido suavizando, a pesar de que la desenfrenada vida de su hijo Luis Fernando - tan parecido a ella - tenía muy irritado a Alfonso XIII, que le había desposeído de su titulo de Infante y le había prohibido la entrada en España.

Cuando en 1931 se produce la caída de la Monarquía en España y el exilio de los Reyes, Eulalia estaba en París y acababa de escribir sus memorias.



Al acabar la Guerra Civil española, la Infanta compraría una villa en Irún a la que pondría el nombre de Ataúlfo en honor a su nieto y se instalaría en ella. En 1945 murió su hijo Luis Fernando en París sin que ni siquiera Eulalia fuera a su entierro. Su respuesta a quienes le dieron sus condolencias fue: "es lo mejor que podía haberle pasado Luis Fernando".

El febrero de 1958 Dª Eulalia sufrió, según el Dr Gallano que era su médico, un colapso circulatorio. Cuatro meses antes la Infanta, que contaba ya 93 años, había sufrido una caída que la dejó postrada y de la que no se había recuperado. En la tarde del 8 de marzo la enfermera Hortensia Gonzalez Quiñones, a cuyo cuidado estaba, viendo que la infanta se había agravado dio aviso al medico que nada pudo hacer por su vida.

Dª Eulalia acababa de cumplir 94 años y murió rodeada de su hijo Alfonso, de su nuera y de sus nietos. Los periódicos de la época, como no podía ser de otra manera, dijeron que había confesado, comulgado y que su muerte había sido ejemplar.

Recibió sepultura en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial.

martes, 18 de julio de 2017

GRACIAS MACONDO



Chema, me dedica hoy en su blog Bitacora de Macondo, una de sus Macondobiografías. Quiero darle las gracias por ello y por lo que en ella dice.

Añadiré que no me siento identificada con el papel de profesora o "señorita" de nadie, ya me gustaría a mi saber lo suficiente de algo y ser capaz de trasmitirlo.

Así que gracias por dedicarme una de tus páginas y por tu benevolencia.